domingo, 22 de febrero de 2009

El turismo de fin de semana

Siempre que puedo me doy un largo paseo por la vecina y cercana ciudad de Écija, una joya de la Andalucía Barroca, de la que después de un año de magnas exposiciones, apenas queda rastro en la Red de sus contenidos. Una campaña de promoción cultural y turística de Andalucía, cogida tan por el rabo, que no ha dejado inventario, para que los visitantes venideros, dispongan de la misma información y el mismo estímulo que recibieron quiénes nos visitaron en 2007, año de barroco. Me sorprende mucho este proceder en quienes tienen una facilidad pasmosa para llenar el ciberespacio de páginas inútiles y foros muertos. Porque además este programa tenía una dotación presupuestaria muy generosa, que se ve que ha sido en su totalidad gastada por esas empresas dedicadas al montaje de eventos paramayorgloria, y que hoy están bajo sospecha. Me cuesta entender que tanta inversión y trabajo, no haya dado como resultado, al menos una guía didáctica que estimule en el tiempo la visita a estos lugares.
Pero volvamos a Écija; me lleva allí un bautizo sin bautizo, la presentación a los amigos de la última socia de mi peña. Primero una cañita al sol en la Plaza Mayor, al entrar descubro esta imaginativa fórmula (ver foto) de impedir el paso a los vehículos y de, al menos, no tirar a la escombrera las piedras del pasado, que el subsuelo expulsa ante el abuso de la construcción. Me pregunto porqué en Córdoba no se hacen cosas similares para que nuestro pasado no acabe en la basura, si es que de verdad se destroza, porque yo tengo la sospecha de que muchas vallas de cortijos y pavimentos de casas de campo están hechas con estos materiales.
Luego comida en El Pirulo, un restaurante de la vieja carretera, donde se come un arroz con perdiz memorable, aunque hay que dejar un hueco para el postre: "la comadre" es una porción de tarta que no es una tarta sino una mouse algo más cuajada, exquisito. Bueno, bonito y casi barato.
Después de comer un paseo tranquilo por el Barroco de Écija me reporta otra sorpresa. Los templos están la mayoría abiertos y se puede penetrar en ellos para admirarlos. Incluso en alguno encontramos una exposición de tallas muy bien presentada. Ya a esas alturas de la visita, el tema de conversación había descubierto el pastel:
-¡Coño, es que cualquiera nos da lecciones! ¿porqué tenemos que hacer las cosas tan rematadamente mal? te empeñas en construirlo surrealista y no te sale peor. Nos pasamos la vida diciendo que el turismo es nuestro futuro. Sabemos que nos guste o no, el turismo de Córdoba es de fin de semana, es decir, que estos debieran ser los días fuertes de trabajo para todo este sector, y sin embargo, son los días que cierran. Privilegio de sindicalistas que odian el trabajo y lo ven como una condena, que es como se visualiza el trabajo en este país acostumbrado al pelotazo, a vivir sin trabajar y al "ande yo caliente". Así nos encontramos que si los días de diario abren poco, los festivos cierran a cal y canto, dejando una ciudad sola e imposible de ver para quien se ha gastado sus dineros aquí a cambio de poderla disfrutar. Así no dan ganas de repetir. El Patio de los Naranjos cierra a las seis aunque el sol se acabe a las nueve. El Palacio de Viana ni siquiera abre el domingo, los museos un día si y otro no, las iglesias a cal y canto, la única sala de exposiciones del casco histórico (Casa Góngora) no abre los fines de semana, pá qué. Y otros muchos ejemplo que se me quedan en el tintero.
¿Porqué es esto así, porqué tenemos una visión tan torpe de las cosas? Al final voy a tener que darle la razón a quiénes dicen que hay un sector poderoso de la ciudad, interesados por múltiples cuestiones, en que esta ciudad no prospere, no levante la cabeza ni los ingresos, porque si no es esto, qué es.